viernes, 25 de septiembre de 2015

Impuestos: una pérdida irrecuperable de eficiencia

Los impuestos sobre bienes son transferencias de renta que los ciudadanos, de forma obligada, hacen al Estado para financiar bienes públicos, entre los que se encuentran la justicia, la defensa nacional, la redistribución de renta, etc. Por eso, en un primer momento, al gravar un bien empeora el bienestar de compradores y vendedores, aunque en un segundo momento puedan ser beneficiarios de la acción gubernamental.

Los impuestos crean una brecha entre el precio que pagan los compradores y el percibido por los vendedores, a consecuencia de la cual la cantidad vendida es menor que la que se sería sin el mismo, es decir, se reduce el mercado del bien gravado. Así, un impuesto sobre las estancias turísticas necesariamente conlleva una reducción del número de visitantes, de empresas y puestos de trabajo turísticos; de igual forma que un impuesto sobre la cerveza, o sobre cualquier otro bien, reduce su consumo, producción y distribución. Esta reducción del mercado es una pérdida irrecuperable de eficiencia.

Si la pérdida de eficiencia es pequeña, la recaudación obtenida puede justificar el deterioro económico producido. Pero a la inversa, si es grande estamos ante un impuesto empobrecedor.

El que sea pequeña o grande depende de lo que los manuales llaman elasticidad. Es decir, de si se produce una gran variación de la demanda como consecuencia de un aumento del precio. Así, por ejemplo, la cantidad demandada de gasolina -al carecer de sustitutivos- experimenta pequeñas variaciones por cambios en su precio, lo que la convierte en un producto adecuado para ser gravado. Por el contrario, no ocurre lo mismo con cualquier otro bien del que sea más fácil prescindir.

Una buena estructura tributaria es la que minimiza la pérdida irrecuperable de eficiencia desde una visión de conjunto de todos los tributos. Algo que solo se puede conseguir con una reforma fiscal con vocación integral.

Sin embargo, como esta conlleva costes políticos, no se realiza, y nuestro sistema tributario continúa siendo un conjunto deslavazado de tributos que dificulta la recaudación, la liga en exceso al ciclo y frena el crecimiento económico.

Nuestra comunidad autónoma ha doblado sus gastos desde el año 2002, cuando asumió las últimas competencias. Con las sucesivas reformas del sistema de financiación los recursos han aumentado, financiados, lógicamente, con más tributos. Aunque, por supuesto, continúa siendo insuficiente.

Deberíamos dejar de percibir las reformas modernizadoras como un deber inevitable. Tenemos la obligación de hacer del proceso de transformación económica un gran proyecto político ilusionante.

ultimahora.es

viernes, 18 de septiembre de 2015

Una aportación desde Baleares a la economía nacional: Fijos-discontinuos

expansion.com

El Gobierno va a aprobar un incentivo fiscal para las empresas y los comercios del sector turístico. Para fomentar el mantenimiento del empleo más allá de los meses de verano y de mayor flujo de visitantes, el Ejecutivo ampliará las ayudas fiscales a las compañías que mantengan en nómina a sus trabajadores fijos discontinuos en noviembre, febrero y marzo. 
El alivio fiscal consistirá en “una bonificación en dichos meses del 50% de las cuotas empresariales a la Seguridad Social por contingencias comunes, así como por los conceptos de recaudación conjunta de Desempleo, Fogasa y Formación Profesional” de los trabajadores indefinidos discontinuos de empresas dedicadas a actividades encuadradas en los sectores de turismo y comercio y hostelería vinculados a la actividad turística. 
Así lo especifica la disposición adicional sexagésima novena del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2016, cuyo trámite parlamentario comienza hoy, con las primeras comparecencias de altos cargos en el Congreso de los Diputados. 

domingo, 6 de septiembre de 2015

¿QUÉ PASA CON CHINA?

Buen artículo sobre la situación de económica creada por China a cargo de Lorenzo B. de Quirós en elmundo.es

El auge de la economía colaborativa

En la era de los teléfonos inteligentes y los macrodatos, los alquileres y los préstamos entre particulares (P2P) se han convertido en algo más sencillo y rápido y han reducido las incertidumbres y los costes. Esta tendencia, conocida como economía colaborativa, nace y crece en ese nuevo punto donde se cruzan las redes sociales y la tecnología móvil y que permite a los usuarios acceder a bienes, servicios, financiación y talento, en lugar de poseerlos. 

elmundo.es